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Hace ya mucho tiempo que hemos tomado conciencia sobre lo importante que es dominar el inglés a todos los niveles.

Pero no hace tantos años el inglés era una "maría", una de esas  asignaturas de "relleno" equiparada a otras como la música, la religión o la gimnasia (como se llamaba antes).

Hoy se reconoce la importancia de todas estas asignaturas, pero por encima de todo, en el caso del inglés se ha considerado que el esfuerzo debe ser mayor pues apremia que nos pongamos a nivel de nuestros homólogos europeos.

Pero, si bien se valora la importancia y necesidad de avanzar en la inmersión lingüística, cabe preguntarse si realmente se están realizando esfuerzos eficaces.

Particularmente tengo muchas preguntas:

  • Si se han aumentado las horas lectivas de inglés en colegios e institutos, ¿por qué siguen acudiendo en masa los alumnos a clases extraescolares de inglés?, cosa que no sucede en cualquier otra materia.
  • ¿Existe un impedimento objetivo que hace más difícil el aprendizaje de las estructuras de la lengua inglesa para un país como el nuestro de origen latino?
  • ¿Los cambios metodológicos para enseñar el idioma son mejorables?
  • ¿Qué podemos hacer a nivel particular para aumentar el conocimiento de éste idioma?...

 Maite Carmona, profesora en el IES bilíngüe de Guadalajara Buero Vallejo, contesta.

Puedes ver el vídeo en el canal de YouTube de Mejora Tu Nivel, con toda la entrevista, dando respuesta a éstas y otras preguntas. Sigue este enlace: Mejora Tu Nivel con el inglés.

Maite, española, se ha tenido que enfrentar a los mismos inconvenientes que se debe enfrentar todo español que quiera aprender inglés desde cero.

Comenta que el resultado depende del esfuerzo y del deseo que tengas por aprender.

Para ella el aprendizaje más importante tuvo lugar en Inglaterra y una vez allí, estudio y se esforzó mucho, pues aprender, dice, es lento y requiere dedicación.

Maite dice que lo honesto es que nos preguntemos ¿cuántas horas le dedicamos a aprender inglés?, según sea tu respuesta, así será tu éxito en esa inmersión lingüística tan anhelada.

Éste es el mismo planteamiento que debe producirse cuando nos cuestionamos si los españoles somos menos capaces de aprender sus estructuras frente a idiomas "más sencillos para nosotros" como le francés o el italiano..., cree que no es una cuestión de más o menos predisposición, sino simplemente de un trabajo dedicado y determinado.

Además opina que escuchar y hablar es decisivo para conversar y obtener éxito en el aprendizaje ante que aprender la gramática de esa lengua, pues esto requiere un esfuerzo y trabajo posterior al hecho mismo de expresarte, hablar y comprender el inglés.

Además dice que quizá en España somos cómodos y nos hemos acostumbrado a los subtítulos, por ejemplo, y esto es una barrera. Otro problema es la edad, ya que aumenta el temor al ridículo, y la metodología que se emplea en los colegios e institutos, así como los exámenes rígidos, no mejoran las condiciones.

Maite cree que el hecho de introducir nuevas técnicas docentes en las aulas puede ser eficaz para mejorar la motivación y la percepción sobre el idioma (introducir el movimiento, la expresión: música, teatro...en inglés) y que quizá no se hagan estos cambios porque los cambios asuntan, y porque es más costoso que seguir un sistema más  tradicional y académico.

Nos recomienda nuestra especialista que empecemos poco a poco a tomar contacto con el idioma, sin obsesiones ni sobrecarga para evitar la "aversión" al idioma, escuchando música en inglés y procurando comprender qué dicen las canciones, viendo TV en inglés: dibujos animados, por ejemplo, y que al principio es interesante poner subtítulos en español, y luego en inglés, para evitar abandonos antes de tiempo.

En realidad, se trata de dirigir el inglés a cualquiera que sea la pasión de cada uno y tratar de unir esa pasión al inglés, lo cual genera motivación y estimula un aprendizaje sobre algo agradable.

Queremos agradecer a Maite su tiempo y su criterio, muy útil para Mejora Tu Nivel, pues ella, como nosotros, opinamos que se pueden hacer las cosas de otro modo.

Quizá te interese también leer el artículo de este mismo blog en el que sometíamos a juicio el "bilingüismo", con el nombre de "El precio del bilingüismo".

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Hoy es un día especial para Mejora Tu Nivel, una nueva aventura surge en el horizonte.

Nos subimos al carro de la tecnología e inauguramos el canal de YouTube de Mejora Tu Nivel.

Te presentamos el vídeo cero, el comienzo de éste canal, y de ésta aventura.

Vídeo Cero de YouTube de Mejora Tu Nivel

La intención de ésta iniciativa es llegar hasta todos vosotros a través de los canales audio visuales con propuestas de materiales interesantes relacionados con el mundo del aprendizaje.

Procuraremos realizar vídeos con personas del mundo de la educación: directores de centros educativos, orientadores, profesores... cualquier persona relacionada con la docencia que tenga alguna aportación importante sobre otros modos de enfocar el aprendizaje y hacer más útil la docencia para los alumnos.

También trataremos de recabar la opinión de expertos en psicología, en grafología, logopedas, estudiosos de la neurociencia...y cualquier profesional que pueda añadir su conocimiento y experiencia a Mejora Tu Nivel.

Y por supuesto, tendréis un papel central y predominante vosotros, los padres preocupados por la formación y el éxito de vuestros hijos pues es a vosotros a los que dirigimos nuestro canal, nuestra web y nuestro blog.

Desde luego tendrán voz los alumnos, quienes nos explicarán sus inconvenientes más grandes para hacerse con el tan añorado éxito académico, y sus principales barreras que les están impidiendo alcanzar sus metas.

Recordad que Mejora Tu Nivel es otra forma de aprender y se basa en las inquietudes de padres y alumnos sobre el modo de ser eficaz y eficiente en los estudios y las soluciones aportadas por la experiencia, por los nuevos conocimientos y avances relacionados con el mundo de la formación y la educación, de las inteligencias múltiples y del uso de técnicas como el coaching o entrenamiento para los estudios, de la PNL, la re- educación a través de la escritura, etc.

Si quieres más detalles sobre todo lo que hacemos en Mejora Tu Nivel, visita la página.

Ayudamos a todo estudiante en procesos formativos con dificultades para alcanzar sus metas.

Procuramos que se sientan más satisfechos y confiados en sus propias capacidades, y les enseñamos herramientas y recursos útiles para conseguirlo.

Por lo tanto, no dudes en comentarnos tus inquietudes, en dejarnos tus sugerencias, en compartir tus trucos y estrategias para ayudar a los estudiantes...ya seas docente, padre o madre, alumno...

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Me gustaría poder decir que tus metas están a tu alcance y que basta con asumir el objetivo con compromiso y con la suficiente vehemencia. Pero desgraciadamente no es verdad.

Ya sabemos que no basta con proponerse firmemente bajar tres kilos, ni dejar de fumar para conseguirlo. Y es aún más difícil si además no depende de nosotros directamente, pero nos damos cuenta que hay que tomar medidas, como pasa con los estudios de nuestros hijos.

La actitud frente al estudio

Es decir, los padres nos damos cuenta de que, si no intervenimos, si no hacemos algo, en el segundo trimestre que comienza ahora, volverá a suceder lo mismo que en el primero, y habrá nuevamente resultados inadecuados.

Pero, ¿qué se puede hacer?.

Sin duda, ayudar a mentalizarse de hacer cambios es un buen comienzo, ya que ser consciente de los cambios que deseamos realizar es esencial para fijar una meta, pero ¡ojo!, muchas veces la meta se compone de sub-metas, o hitos más breves y asequibles que no debemos desdeñar.

Así por ejemplo, si hablamos de algunos de los más típicos retos míticos de principios de año, conviene tener presente que para perder tres kilos conviene alegrarse por cada 100 gramos logrados, y por cada día sin fumar, también, considerando cada pequeña meta un pequeño logro.

De manera que para mejorar los resultados en las notas, ¿bastará con conseguir que nuestros hijos estudien todos los días un poco?, bueno…esto es solo una verdad a medias, no es tan sencillo.

El comienzo de todo cambio empieza por comprender qué se desea cambiar, pero también conocer el estado de la situación actual, el punto de partida y conocer los elementos que están ocasionando el resultado no deseado.

A lo largo del primer trimestre hemos ido analizando cómo ha sido el rendimiento de nuestro hijo/s o estudiante en cada asignatura. Quizá te pueda interesar leer el artículo de éste blog “¡Malas notas!, haz balance y toma medidas”, donde hablábamos de la importancia de éste trimestre a nivel “diagnóstico”.

Es decir, a éstas alturas lo que debería estar muy claro es qué deseamos mejorar, donde se han detectado los fallos, qué materias deberíamos reforzar y qué conductas hay que modificar.

Si hemos dado éste primer paso, conoceremos las medidas que se deben tomar y habremos comprendido que aumentar las horas de estudio no es por si solo eficaz.

Ya sabremos que también hay que organizar el tiempo de una manera determinada, realizar los estudios, deberes y trabajos según lo exige el profesor de cada asignatura y hay que insistir y aumentar la práctica de los temas que menos dominemos.

En las grandes empresas se observa cada producto desde su diseño y se realiza un estudio del comportamiento del producto en el mercado para poder ir ajustado el producto al mercado, obteniendo con ello el mayor margen de resultado.

Actúa como lo hacen en las grandes empresas. Toma el asunto con la mayor objetividad posible. Separa cada elemento que interviene en el resultado final no deseado (materias, profesores, gustos del estudiante…) y evalúa qué falla en cada materia y en cada situación.

En lo que se refiere a los estudios de nuestros hijos podemos ayudarles empezando por hacernos las preguntas correctas:

¿Qué queremos conseguir de nuestros hijos estudiantes?, ¿cuál o cuáles son las metas?

¿Qué esperamos que suceda a partir de ahora?

¿Cómo esperamos que suceda?

Digamos que las respuestas: que estudien más y saquen mejores notas, no son las respuestas mejores para lograr metas, ya que son demasiados abstractas.

Hay que concretar qué se desea conseguir de ellos concretamente y cómo creemos que lo van a conseguir.

Es muy tentador pensar que “estudiar” es algo sencillo que solo requiere esfuerzo y que nuestros hijos no lograr sus objetivos porque no se esfuerzan. De tal modo que, si empiezan a hacerlo, lo conseguirán, y por tanto nuestro papel como padres se debe limitar a insistirles por activa y por pasiva, en que lo hagan, empleando un sinfín de amenazas o premios.

Pero en demasiadas ocasiones exigir “esfuerzo” es una palabra vacía, como la renovación de las promesas de fin de año. Hay que decir en qué consiste el esfuerzo, qué esperas y cómo hacerlo para lograrlo.

Por tanto, vuelve a pensar en ¿qué deseas que suceda con las notas de tus hijos?, ¿cuáles son tus metas como padre/madre, coinciden con las de tus hijos, estás siendo realista, justo…sabes concretamente lo que quieres y lo que quieren ellos..?.

Hay padres que se conforman con aprobados, otros exigen sobresalientes o matrículas y no aceptan notas inferiores.

Reflexiona sobre cada materia y los objetivos y esperanzas que tienes respecto a cada una de ellas y piensa que, así como nosotros adultos no somos infalibles ni eminencias en todo lo que hacemos, ellos tampoco. Ni tampoco todas las materias son esenciales para su vida y su futuro. De modo que lo importante quizá sea poner objetivos realistas.

Si te centras en qué crees que debería pasar, obtendrás respuestas diversas: se deberán mejorar las notas aumentando el trabajo de las materias, o tal vez es cuestión de mejorar la actitud frente a los estudios, la motivación, el comportamiento….; o quizá es una mezcla de todas estas cuestiones.

Cuando tengas “todas las cartas sobre la mesa”, pacta con tu hijo/s lo que crees que debe pasar, escucha su punto de vista y trata de comprenderlo, así como de hacerte entender sobre tus reflexiones.

En el título de éste artículo prometí tres claves para lograr las metas planteadas en éste nuevo año, en lo referente a estudios, pero si lo piensas, quizá después de leerlas puedan aplicarse a otros objetivos, pues no son otra cosa que puro sentido común:

1.       No caigas en la tentación de pensar que ayudar a tus hijos a que éstos mejoren en los estudios es algo sencillo que se logra exigiéndoles más esfuerzo. Para a evaluar la situación y observar con objetividad qué ha sucedido en cada asignatura.

2.       Valora con exactitud qué quieres tú de ellos, de sus resultados en cada asignatura y en el conjunto, es decir, qué esperar que sea tu hijo como estudiante y plantéate si son objetivos realistas, si los conoce tu hijo/s, si los comparte y por qué quieres estos resultados y no otros.

Detente en éste punto, las respuestas no suelen ser sencillas. Queremos que nuestros hijos aprueben por muy diversas razones, dependiendo de tus propias razones, tu exigencia será una u otra.

3.       Cuando tengas claro qué quieres, hacía donde le/s vas a orientar, toma las medidas necesarias, habla con el/ellos y diles lo que va a pasar, lo que esperas de el/ellos, y cómo han de cambiar las cosas. No olvides que ellos tienen algo que decir en todo esto, es más, si les haces partícipes en el modo de resolver las cosas, serás mucho más efectivo.

Solo queda vigilar las medidas e ir adaptándolas cada día, cada semana y cada mes hasta llegar al segundo trimestre, ahí comprobaremos si las medidas y sus ajustes han funcionado.

¡Recuerda!, el segundo trimestre es bastante duro y suele ser el más complejo, ya que los alumnos tienden a relajarse pensando en el esfuerzo que hicieron en el primero y que en realidad el decisivo es el tercero, y están en un error, ya que si hacen un buen trabajo en éste trimestre, tendrán un buen camino recorrido y estarán en muy buena disposición de abordar en condiciones el trimestre final del curso.

¡Espero que sea de utilidad mis opiniones y consejos!, si es así, compártelo, quizá a otros les pueda ser también de utilidad. ¡y deja tus comentarios!, cada día crecemos escuchando a los demás.

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Lo que toca en estas fechas, además de comer y beber mucho más de lo normal, es hacer balance del año y buenas intenciones para el próximo.

Mi experiencia profesional me dice que éste primer trimestre es un momento de mucha más importancia de la que parece a simple vista, y sin embargo no siempre se tiene en cuenta.

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Las "Malas Notas" dan información de la situación.

A lo largo del mes de diciembre y en particular a partir de las notas del primer trimestre,  hablo siempre con mis alumnos de los talleres de coaching y también con sus padres. Mi intención es analizar el primer trimestre y hacer balance.

El primer trimestre es básicamente un trimestre de “tanteo”, ayuda a los estudiantes a “medir” su esfuerzo, y a los padres a “tomar el pulso” de cómo han empezado las cosas.

En él se conoce a los profesores, su modo de evaluar y cómo han de enfocar los estudios según la materia y los deseos y exigencias del profesor.

Según cómo se haya hecho ésta valoración, dependerá el resultado de la primera evaluación.

La pena es que para muchos alumnos éste primer trimestre no tiene demasiada trascendencia, es más bien un “aterrizaje”, a veces forzado…, pero piensan que aún queda mucho año y que lo importante se juega al final.

No es cierto, lo importante es todo el conjunto.

La primera evaluación debe ser cuidadosamente analizada pues si hay que hacer cambios en la forma de estudiar, en el esfuerzo u horas de dedicación, en la forma de hacer los exámenes…y hay que recuperar alguna asignatura, es un buen momento para tomar medidas pues aún hay margen, pero se deben cambiar cosas, y no dejarlo para el final.

Por todo esto, en mi primera entrevista con padres y alumnos de los talleres, trato de obtener información de cómo valoran unos y otros la evolución de las cosas referidas a los estudios, de cómo han sido los resultados y de qué se está haciendo y se va a hacer para ajustar la estrategia.

La opinión más generalizada de los padres cuyos hijos acuden a los talleres coaching, es que sus hijos están más motivados para trabajar, estudian más y hay un cambio de actitud.

Siempre les digo que hay que ser realistas y que esto, por sí solo, no basta, pues aún no saben exactamente cómo deben hacer cambios decisivos en su forma de trabajar para que se produzcan cambios reales.

Es verdad que la mayoría han conseguido mejores resultados de los que venían obteniendo, pero han de saber aún con exactitud cómo hacer las cosas, ya que en gran medida siguen dando “pasos cortos”, sin ser muy efectivos en los exámenes, o van realizando cambios solo en las asignaturas que menos les desagradan.

La primera evaluación, como decía, es muy importante porque sirva para valorar el resultado general del esfuerzo de estos meses y también, para ver donde se han cometido errores. Pero se ha de seguir trabajando cada día mejorando técnicas y estrategias de estudio; habilidades, emociones…todo lo relacionado con tener éxito en los estudios.

El papel de los padres es muy importante ya que somos los que debemos estar informados de qué está pasando y los que debemos ayudar a establecer el hábito de estudio, a mejorar el tiempo de trabajo en casa, a eliminar posibles distractores, como consolas, teléfonos, etc. durante el tiempo de trabajo en casa, etc.

Hace poco me reuní con unos padres muy disgustados por los resultados de su hijo. Él hijo quería hacer cambios, pero tenía al alcance de sus manos todo tipo de mecanismos interesantísimos (Tablet, móvil, play…), además, pasaba la tarde solo, y con un control muy ligero sobre su trabajo en las tareas de clase.

Conclusión, las ganas de estudiar se quedaban siempre para mañana, porque hoy tenía la tarde ocupada con pasear al perro, acudir a sus actividades extraescolares y jugar a la Play, etc.

Tal como podéis imaginar, el resultado ha sido muy malo.

Los padres no tenemos la obligación de estudiar con nuestros hijos, ni hacer las tareas con ellos, pues es cosa de ellos precisamente, su responsabilidad. Sería parecido a llevarnos al trabajo a nuestros hijos, ¿algo raro verdad?.

Pero los padres si tenemos la obligación de vigilar cómo van las cosas de nuestros hijos. Igual que vigilamos si toca alguna vacuna, si se les ha infectado una herida, o si tienen un abrigo para el invierno…tenemos la obligación de comprobar cómo van las cosas, y a ser posible, antes de que lleguen las notas.

Haz balance de lo bueno y lo malo.
Haz balance de lo bueno y lo malo.

La primera evaluación, nuevamente, aporta información de aquellas cosas que no hemos visto antes, por muchas razones…a veces porque no hemos mirado, pero la mayoría de veces porque “confiamos” en que las cosas van “bien”, como nos dicen.

Es bueno estar informados y hay varias maneras para ello. Una de las posibilidades es hablar con sus profesores. Esta situación común entre alumnos de primaria, se deja de lado en muchas ocasiones con los de secundaria, y tienen tanta necesidad de nosotros los padres, como los pequeños, o quizá en algunos momentos, más.

También hay que revisar la agenda, para estar al corriente de sus exámenes, trabajos, notas que a veces escriben los profesores, etc.

Hacer balance, es apreciar lo bueno y detectar lo malo. Luego, poner medidas.

A veces se deben tomar medidas extremas, como entrar en contacto con algún compañero para obtener algo de información. Entendamos bien ésta medida, no se trata de poner a nadie en un compromiso, ni de tildar a otros de “chivatos”, o de ir sonsacando cosas violando la intimidad de nuestros hijos sonsacando con malas artes teléfonos de contacto, etc.

Más bien se trata de tener contactos interesantes, pues a veces por casualidad conocemos a un compañero o compañera de clase, o a sus padres por ejemplo, y se puede tener una conversación oportuna, o estar atentos a los comentarios en los que pueda estar involucrado nuestro hijo o hija.

En definitiva, se trata de estar presente en sus vidas, sin acosos, pero sin quitar el ojo de encima para evitar que se relajen más de la cuenta.

También es conveniente estar al corriente de con quienes salen, pues su entorno va a influir en alguna medida.

Para algunos alumnos, el entorno es decisivo y siguen con la dinámica que marca el grupo, por eso conviene que su grupo esté enfocado al éxito y al trabajo en el estudio. Otros quizá menos influenciables, pueden que no lo acusen tanto, pero es evidente que si se rodean de personas trabajadoras, van a procurar integrarse dentro de ese grupo como uno más.

Espero haber transmitido la idea que me ha traído hasta éste post: el balance es importante, y éste es un buen momento para ello.

Pregúntate a la vista de los resultados, qué quieres que mejore en el rendimiento de tus hijos y cómo vas a hacerlo, qué cambios crees que son necesarios hacer, y luego ponlo en práctica, contando con ellos y vigilando la evolución del plan.

Solo me queda desearos un buen comienzo para 2017, de nuevos enfoques y grandes deseos.

Desde que comencé esta aventura bloguera tuve presente una cosa por encima de las demás, hablar desde la experiencia propia o ajena. Y en la medida en que aportáis vuestras propias experiencias, estáis contribuyendo a hacer realidad mi propio sueño.

Por eso, quiero agradecer a todos los que leéis éste blog semana tras semana, y especialmente a lo que compartís vuestros puntos de vista y opiniones.

Si os ha gustado lo que habéis leído y creéis que os puede ser de utilidad, dejad vuestros comentarios y compartirlo con otros a los que les pueda ayudar.

Lo primero que me gustaría decir es que sobre éste tema no hay nada infalible, lo que vale es lo que funciona en cada caso, por tanto ¿qué será mejor, aplicar consecuencias negativas o bien, prevenir y propiciar las cosas para que sucedan consecuencias positivas?. Seguramente sea una combinación de ambas cosas.

Lo que creo que sí puedo decir sin temor a equivocarme es que, tanto lo uno como lo otro está dirigido a controlar lo que sucede o va a suceder y es importante saber que en determinadas situaciones, tanto si haces algo como si no, pasarán cosas, de manera que es mejor elegir lo que quieres que vaya a pasar, o al menos intentarlo.

¿Premios o Castigos?
¿Premios o Castigos?

Para muchas personas la fórmula ideal es la prevención y el estímulo positivo, el incentivo y por lo tanto, lo que favorecen es el premio. “Sí haces tal cosa, obtendrás tal otra”, simple y sencillo, en muchos casos ideal y eficaz, pero ¡ojo!, esto tampoco es infalible y tiene algunas sombras.

Si acostumbramos a nuestros hijos a que cualquier cosa que hagan tiene aparejado un premio o una recompensa, pueden pensar que solo si les interesa el premio, harán lo que se les pide; y además, los estímulos externos pueden dejar de ser un aliciente.

De hecho, estudios diversos demuestran que el estímulo intrínseco es más eficaz que el extrínseco, entendiendo por intrínseco aquel que se relaciona con el deseo de realizar esfuerzos por el hecho de obtener satisfacción personal, aumento de la autoestima, o sencillamente, por haber interiorizado que es su responsabilidad y cumplir con ella es una satisfacción en sí mismo.

Es decir, que el uso excesivo del refuerzo extrínseco, o el premio, recompensa…por las buenas notas, por hacer la cama, por visitar al abuelo enfermo, etc, tiene un efecto en ocasiones efímero e insatisfactorio.

Si vais a trabajar con este estímulo, medid qué ofrecéis y en relación a qué. Es muchas ocasiones las mejores recompensas o reforzadores tienen que ver con el reconocimiento, la atención especial y puntual asociada al logro concreto, y poco más.

Pero la gran tentación en esas situaciones en que suceden cosas no deseadas en casa, como pueden ser los suspensos, es recurrir al castigo.

Creo que un buen comienzo para hablar de castigo es hablar en primer lugar del consabido “el que avisa no es traidor”.

Conocer los efectos de nuestros actos antes de que sucedan, genera claridad y todo el mundo sabe a qué atenerse.

Pero si usas éste recurso, no olvides que aquello que adviertes, has de cumplirlo, y que en éste tema como en todos en realidad, es esencial que exista unidad de criterio entre aquellos que creáis y aplicáis las normas en casa. No es necesario hablar de los perjuicios que ocasiona y la confusión que provoca la imposición de un castigo por parte de un padre o madre, y la eliminación del mismo por parte del otro.

Y si has de cumplir lo que adviertes, no olvides tampoco pensar dos veces lo que adviertes, ya que en ocasiones propicias castigos que son más bien “condenas” para todos, pues a veces involucras a más de uno en el mismo; o bien, es de tal magnitud que no puede cumplirse porque se hace insostenible o se diluye en el tiempo.

Serían esos casos en los que el castigo consiste en privar de ver la tele durante dos meses, no salir hasta el verano, o ¡no salir en todo el verano!...¿quién va a controlar ésta situación, cómo lo harás…?.

Lo que sucede en muchas ocasiones es que en las propias familias no están demasiado claras algunas normas, ni tampoco el objetivo que se desea lograr o aquello que se quiere evitar, y se actúa sobre la marcha, más bien “en piloto automático” y bajo los efectos del “calentón del momento”.

Por tanto, otro elemento que conviene controlar es cómo aplicar consecuencias. En muchos momentos lo más recomendable es no actuar en el calor del momento y esperar para dar una respuesta a que el ambiente se enfríe para aplicar la medida mucho más meditada; no pasa nada por decir en ese momento algo así como: …”no es el mejor momento para hablar de lo que va a pasar, lo hablamos más tarde”, pero ¡hazlo!, y no esperes demasiado tiempo, o volverá a reinar la confusión.

En ocasiones las cosas se ven con más claridad si las relacionamos con nuestro entorno inmediato de acciones y consecuencias, y esto nos sucede a los adultos en el mundo del trabajo. Así que, me pongo a imaginar qué pasaría si en el trabajo tuviéramos jefes que cada día cambian de opinión sobre lo que esperan de sus trabajadores, o que cada uno opinara cosas distintas.

Por seguir con el ejemplo, no cabe imaginar una situación en la que los jefes estén constantemente alentando a sus trabajadores a hacer lo que se supone que tienen que hacer  dándoles parte de su paga con cada acción bien realizada, o lo contrario, reduciendo el sueldo y aplicando medidas drásticas con cada error cometido.

A veces es más fácil saber qué decisión tomar con nuestros hijos si nos paramos a pensar qué queremos y a imaginar lo que sucederá con las distintas soluciones que se nos ocurran.

En realidad, como suele pasar casi siempre, seguramente lo idea es una combinación de todas estas cosas.

Quizá algo así:

  1. Normas claras sobre aquello que deseas que suceda. Si deseas buenas notas, has de ser claro y trabajar sobre ello. Donde están sus dificultades, qué les pasa, qué les motiva y qué no, cómo estudian…ayudándoles a resolver éstas situaciones.
  2. Motivar es tener un motivo, como decía en el post “el deseo por aprobar no será suficiente”, y para ello es eficaz tener un premio como recompensa a ese esfuerzo puntual. El premio no tiene que ser necesariamente algo material ni el estímulo externo, puede estar más valorado el estímulo emocional.
  3. Si has aparejado un castigo a una conducta que no querías que se diera, hay que cumplirlo, es la consecuencia de las cosas que no están bien hechas, pero para que sea  eficaz, debe estar muy clara la consecuencia.

A mi modo de ver, ponerse en la situación del otro es fundamental.

Imagina que eres tu hijo y responde a la pregunta, ¿por qué crees que ha sucedido?, si crees que un castigo lo resolverá, esa será la respuesta, si crees que lo resolverá mejor un incentivo en el comportamiento contrario, plantéalo así. Y no olvides explicar el porqué de las cosas, lo que quieres y lo que puede pasar.

¿Qué opinas?, ¿Crees que es más eficaz el premio que el castigo o viceversa?. Deja tu opinión personal, porque no hay nada escrito, solo vale lo que te funciona a ti.

Sí te ha gustado, quizá lo quieras compartir.

Gracias y hasta la semana que viene.

No se trata de equiparar Las Notas a la Venganza, porque nada tienen que ver lo uno con lo otro, pero si cómo han de tomarse “en plato muy frío”.

Y es que, no nos engañemos, las notas pocas veces nos dan una sorpresa a los padres. Casi siempre sabemos lo que va a suceder ese trimestre y lo vamos viendo día tras día con las actitudes de nuestros hijos.

Bronca de una madre a su hija por las notas
La primera reacción no suele ser la más eficaz.

Son pocas veces las que no tenemos una idea clara de qué va a suceder, ocurre por ejemplo, cuando acaban de empezar en el instituto, han cambiado de centro, etc. e incluso en estos casos, tampoco son muy grandes las sorpresas ya que la tónica suele ser siempre la misma.

De tal manera que las reacciones de casa, también suelen ser las de siempre. ¿Cuál es la reacción en tu casa?.

A  mis alumnos les pido que se conviertan en padres una vez y se imaginen a ellos mismos como sus propios hijos. Luego les pido que se imagen la situación entregando el boletín de notas y les pido su reacción.

Ahora os pido a vosotros que os imaginéis  que sois vuestros hijos, que llegáis a casa con las notas del trimestre. ¿Qué van a encontrarse en casa?, ¿qué escucharán y en qué van a cambiar las cosas?.

En realidad se trata de que aquello que se diga sirva para algo, o de lo contrario solo será una bronca más o una situación incómoda que no llegará a nada pues no va a provocar nada.

Una reacción común es actuar con gritos, disgustos, castigos, bronca…más propios del calor del momento, en cambio la fórmula más eficaz debe ser la serenidad y pensar en frío.

Lógicamente estoy partiendo de la base de que lo que va a suceder en el trimestre es algo no deseado (aunque fuera más o menos esperado), si lo que ha pasado es que las notas han sido estupendas, pues ¡felicidades!, pero éste post es para esos padres que ya no saben qué hacer ni que decir a sus hijos porque una y otra vez pasan las mismas cosas.

Como dice el consabido dicho, para que pasen cosas distintas hay que hacer cosas diferentes a las que vienes haciendo, o de lo contrario todo volverá a ser muy parecido.

Algunas cosas que se pueden hacer empiezan justo en el momento en el que te entregan las notas y son exactamente lo que esperabas, malas notas.

¿Qué va a pasar?. Aquello que decidas que pase repercutirá seguramente en lo que vuelva a pasar en las siguientes porque al final, esto es como otras cosas, el fruto de las consecuencias.

Supón que en el trabajo ha habido un problema y tú has tenido la culpa. El jefe muy ofuscado te echa una bronca, pero en realidad hay derechos adquiridos, años de antigüedad, otros compañeros entre los que distribuir parte de la responsabilidad…, tras ese mal trago inicial, todo volverá a ser parecido y si bien procurarás que no vuelva a suceder, puede volver a pasar porque bajas la guardia.

Ahora bien, si tras un problema en el trabajo, ves repercutida tu nómina o la paga de beneficios; o influye en algún trato preferente, quedando en desventaja respecto a otros, es muy probable que aumentes la guardia y procures volver a ganarte el favor y el dinero que por un error o poca atención perdiste.

Pues algo así puede suceder con las notas. Si lo habitual que sucede es una bronca, pasado el momento o esos primeros días de tensión y silencio, todo volverá a ser igual o parecido ya que las únicas consecuencias las has padecido en su momento.

Todo esto suscita el debate sobre “premios y castigos”, pero es un debate quizá demasiado extenso para tratar en éste post , ya que cuando lo abordemos se podrá aplicar tanto a las notas como a cualquier otro comportamiento, pero te sugiero que valores durante algún momento lo que ha sucedido hasta ahora cuando han traído malas notas.

Si eso que hiciste o dijiste no ha servido para mejorar, entonces tampoco volverá a funcionar hoy.

El hecho de propinar un castigo ejemplar tampoco tiene que ser necesariamente la solución. Seguramente hablar con tu hijo/a tampoco sea algo verdaderamente eficaz, pues al final todo puede que se quede en palabras, pero procura contar con el punto de vista de tus hijos y el de sus profesores; estudia alternativas que vayan directas a resolver el problema.

La solución puede ser averiguar qué ha pasado o qué se ha repetido, buscar una solución diferente, someter a vigilancia estrecha la medida adoptada y aplicar consecuencias e incentivos a corto plazo para ir viendo respuestas.

Cuando escrito todo esto me parece que escuchar las opiniones de algunos padres…”se dice pronto, pero es que yo ya no sé qué hacer…”, seguramente en algunos casos las cosas están bastante complicadas porque se ha dejado mucho tiempo, pero en muchos otros casos, lo que requiere el caso es parar y observar la situación antes de actuar y luego elaborar un plan.

Pero en cualquier caso, si no lo tienes del todo claro, te sugiero que dejes tus preguntas y tus comentarios. Me encantará darte mi opinión, quizá alguna sugerencia objetiva basada en las experiencias propias y de otros que han funcionado de manera eficaz; o quizá algún lector quiera dejar sus propias experiencias.

Y si te ha gustado, ¡compártelo!.

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Existe una creencia bastante generalizada sobre la magia de desear cualquier cosa de verdad, y tan solo por éste hecho, lograrlo. Vendría a ser algo así como, poner todas tus fuerzas en el deseo en cuestión, concentrarte lo suficiente y con ello, lograrlo. Siento cargarme la magia de éste bonito sueño, pero las cosas en realidad no son así.

Muchos alumnos viven con el “deseo” de que las cosas funcionen así, especialmente en época de exámenes, y creen erróneamente que desear aprobar todo como muchas ganas, es suficiente, pero en demasiadas ocasiones se quedan en el simple deseo.

¿Qué se puede hacer cuando, a pesar de querer mejorar, no se logran cambios?

Sueño provocado por los estudios
A algunos alumnos los estudios solo les dan sueño

...continúa leyendo "El deseo por aprobar, no será suficiente."

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Hace ya muchos años que dejé el colegio y el instituto pero aún recuerdo las épocas de exámenes. Curiosamente en mi recuerdo no aparecen la figura de mi padre o madre cada día para revisar o hacer las tareas conmigo ni preguntarme la lección y os invito a que recordéis si ocurría lo mismo en vuestro caso.

Padres y profesores
Padres y profesores son los mejores para saber qué pasa

Lo que si recuerdo es que mis padres estaban pendientes de mis notas, de si aprobaba o suspendía y de las medidas a tomar si las cosas no iban bien. No fui una estudiante brillante, entendiendo por brillante como ese estudiante organizado, exigente consigo mismo y responsable; pero aprobaba, superaba cursos e iba resolviendo las cosas por mis propios medios, y con cada avance iba aprendido a ser así de responsable.

En cambio las cosas hoy van de otra manera.

En mi opinión se dan varias circunstancias que han contribuido a que sean las cosas diferentes.

En primer lugar, los padres estamos más preparados que nuestros propios padres, todos estamos académicamente más formados y todos tenemos una percepción clara de lo que pasaba cuando éramos estudiantes, tenemos una idea de cómo hacer las cosas de otra manera mejor para ser más eficaces de lo que lo fuimos como estudiantes; y además, tenemos la visión de la repercusión del estudio en el mundo laboral y vivimos con la impresiones de un futuro lleno de cambios y exigencias.

Puesto que tenemos esta visión práctica y queremos los mejor para nuestros hijos, nos planteamos explicarles lo que deben hacer, cómo hacerlo y cuándo, aunque quizá estamos olvidando lo que pensábamos cuando éramos estudiantes que, a buen seguro, será parecido a lo que piensan ellos.

La intención que tenemos los padres es muy buena, lo que sucede es que no siempre lo hacemos bien y, al igual que pasa con otras cosas, en el intento de “ayudar” a que estudien o trabajen mejor, lo que conseguimos es “alejarles” de esta ayuda ya que podemos llegar a atosigarles o hacerles creer que no saben hacerlo solos.

Es común la actitud de los padres que vigilan cada minuto de las tardes en casa, cuándo empiezan a trabajar y cómo hacen las tareas exactamente.

Hay que diferenciar dos momentos ya que el comportamiento de unos y otros cambia.

Por una parte, cuando nuestros hijos están en primaria la tarea que tienen para casa es menor, (aunque el capítulo de “tareas para casa” merece un post aparte porque el tema da mucho de qué hablar). Las dosis de exigencia y de materia son “asequibles”, los parciales son frecuentes y el trabajo está dosificado, de manera que los padres tenemos la percepción de control y de que las cosas se están haciendo bien,  además los chicos en general aprueban.

Pero al llegar la secundaria, las cosas se complican. El nivel de exigencia del instituto es bastante mayor y la implicación de los padres en las visitas a profesores y al instituto desciende. La consecuencia directa es que la vigilancia en casa “se recrudece”.

Es en el periodo del instituto, especialmente en primero y segundo, cuando se producen más suspensos, cuando el entorno cambia completamente para los alumnos, y cuando los padres experimentan más la sensación de no tener el control.

A este momento especial de cambios a nivel de exigencias, se suman los cambios que están sucediendo en nuestros propios hijos. De entrada creen ser más mayores de lo que en realidad son. La adolescencia hace acto de presencia sin tapujos y todo ello contribuye a aumentar el desconcierto general.

Digamos que el instituto abre una nueva etapa llana de percepciones de peligros al acecho para unos y otros.

A éste momento singular hay que añadir los cambios legislativos en educación, que suele aportar inestabilidad e incertidumbre a todos y la labor de algunos profesores, que ya hablaremos con más detalle en otros post, pero que por hacer un resumen muy rápido, parecen más deseosos de que sus alumnos aprendan “por ciencia infusa”, como se decía en mis tiempos, que de ayudarles a que esto suceda en su materia.

Lo cierto es que la labor de los padres sí que es muy importante, quizá más cuanto mayor es el deseo de nuestros hijos de apartarnos de su lado. En el periodo adolescentes sobre todo, cuando nuestros hijos nos dicen “déjame, yo quiero hacerlo solo/a”, es cuando más nos necesitan.

Pero, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo lograr ayudarles sin agobiarles, cómo transmitirles todo aquello que hemos aprendido de lo que no deben hacer, o cómo mejorar su técnica sin apartarlos de nuestro lado?.

Ésta es una de las grandes cuestiones a las que nos enfrentamos los padres con hijos estudiantes.

Algunos padres optan por el castigo cuando las cosas no van bien. Otros por los premios, para incentivar que las cosas vayan mejor. Otros por los gritos y las broncas; otros por las charlas infinitas, otros por los profesores particulares y las clases de todo…

Seguramente la respuesta está en la mezcla de todo pero en su justa medida.

En estar presente pero sin que se note demasiado. En vigilar de cerca sin que perciban el aliento en su propia nuca. En tener “juego de cintura” para adaptar cada medida a cada circunstancia y a cada hijo/a, pues cada uno reaccionará mejor a una medida que a otra. A estar muy pendiente de lo que dicen sus profesores, pues dan una óptica que los padres no manejamos y a pertrecharnos de paciencia y “ojo clínico”, para no actuar en caliente y para conocer bien a qué situación nos enfrentamos.

Antes de tomar medidas es conveniente que tengas en cuenta algunos aspectos

1.- Para saber qué hacer, conviene tener claro qué quieres lograr.

La forma de actuar varía según sea el objetivo. No es lo mismo que la necesidad sea que apruebe, a que se adapte al entorno; no harás las mismas cosas si deseas que se organice en el trabajo, a que sea brillante y se enfoque al sobresaliente. Es probable que lo que estás buscando sea una mezcla de varios objetivos, pero haz el esfuerzo de centrar qué cosas son esas y que prioridad e importancia tienen para ti para tratar de abordarlas de una en una.

2.- Pregúntate sobre  lo que estás haciendo y si está funcionando en alguna medida.

En ocasiones lo que hacemos no es eficaz, pero no quiere decir que todo lo que hacemos no esté funcionando, a veces lo que hay que hacer es simplemente ajustar la medida.

Es decir, valora si tienes un sistema claro de consecuencias y si se aplican claramente a los acontecimientos. Comprueba que tienes unas pocas cosas deseadas muy claras y una serie de consecuencias asociadas también muy claras y preocúpate de transmitirlo con claridad y de manera taxativa.

¿Y por qué esta medida? Porque todo lo que se conoce de antemano con total claridad contribuye a la estabilidad y la seguridad.

Se trata de tener muy claras las reglas del juego y cuando hay mucha confusión, para evitar que nos perdamos, es muy bueno tener algunas pocas líneas muy bien marcadas pues son las que indican el camino para no perdernos.

3.-  Imagina por un momento que eres tu hijo/a.

Ponte en su situación actual. Imagina que tú, padre o madre, escuchas las cosas que le dices desde la óptica de tu propio hijo o hija. Métete en sus zapatos y observa lo que ve, cómo se siente cuando escucha las cosas que le dices, lo que le pides que haga, cómo se lo pides,  lo que le dicen sus profesores, lo que observa en su entorno de compañeros, … y pregúntate qué es lo que tienes que decirle.

Trabajar con la empatía en estas situaciones suele darnos una óptica bastante acertada de cómo caerán las palabras, ya que muchas veces no se trata de cambiar las cosas, sino del modo de hablar, de dirigirnos a los hijos y de cómo pedirles las cosas.

Hazte una pregunta, ¿quieres que apruebe o mejora sus resultados, o quieres que haga las cosas como tú quieres que las haga?. A veces el agobio de los padres viene determinado porque los hijos no hacen exactamente todo lo que ellos creen que debe hacerse.

Por resumir éste inmenso tema, aún a riesgo de dejar muchas cosas en el tintero.

Si nuestros hijos están perdidos como estudiantes, gritarles, exigirles o vigilar cada segundo de su trabajo en casa, seguramente no sea lo más eficaz. Si ésta estrategia es la que llevas a cabo y no está funcionando, es hora de cambiarla.
Ante una situación de incertidumbre, conviene pararse a pensar y establecer algunos puntos claros de actuación, actuar con firmeza, que no es lo mismo que con rigidez. Y estar pendientes de la evolución cada instante pero mejor un poco menos visibles.

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Uno de los problemas que más nos preocupa a los padres es el resultado académico, y con mucha razón ya que existe la creencia generalizada de que, así son de estudiantes, así les irá en el futuro.

Los “estudios” no son algo mecánico, ni son cosa exclusivamente de los alumnos. El entorno, los profesores y los estímulos que reciben son elementos previos que van a influir en sus estudios en un sentido u otro.

Profesor particular no es siempre la respuesta
El profesor particular es útil es algunas situaciones

Cuando nuestros hijos empiezan a cosechar suspensos, desde luego los padres debemos de hacer algo, pero ¿qué hacer?. Aunque también deberíamos preguntarnos por qué ha sucedido, cuándo hay que intervenir y quién debe poner remedio.

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