El deseo por aprobar, no será suficiente.

Existe una creencia bastante generalizada sobre la magia de desear cualquier cosa de verdad, y tan solo por éste hecho, lograrlo. Vendría a ser algo así como, poner todas tus fuerzas en el deseo en cuestión, concentrarte lo suficiente y con ello, lograrlo. Siento cargarme la magia de éste bonito sueño, pero las cosas en realidad no son así.

Muchos alumnos viven con el “deseo” de que las cosas funcionen así, especialmente en época de exámenes, y creen erróneamente que desear aprobar todo como muchas ganas, es suficiente, pero en demasiadas ocasiones se quedan en el simple deseo.

¿Qué se puede hacer cuando, a pesar de querer mejorar, no se logran cambios?

Sueño provocado por los estudios
A algunos alumnos los estudios solo les dan sueño

Es habitual que estos estudiantes entren a su habitación y se pongan frente a los libros ávidos de deseos de “comerse” la materia, pero al cabo de un rato, se cansan o se plantean que quizá se pueda hacer mañana y por hoy ya ha sido suficiente.

Entiendo mi trabajo de entrenadora en estudios (o coaching, como hoy gusta decir la gente), como un verdadero entrenamiento en cualquier deporte. Por lo que, enseño y entreno la técnica para ser eficaz en los estudios pero, en la misma medida enseño y entreno en el deseo.

Ambas cosas van unidas, y no funciona la una sin la otra.

Un entrenador de fútbol, basket..., debe saber qué hacer para que sus jugadores den lo mejor de sí mismo, debe saber entrenar su técnica y su motivación. También tiene que enfrentarse al público, a la derrota y a la victoria; a superar lo primero y mantener lo segundo…son muchos factores los que se deben manejar en un equipo y del resultado de gran parte de ellos, el responsable es el entrenador, pero en último extremo está el propio jugador y el ambiente que rodea a éste.

Si el jugador es un profesional, lo que le hará actuar será su futuro económico; pero si hablamos de un cadete de cualquier equipo de cualquier liguilla de barrio, lo que le hará funcionar es el ambiente que le rodea y cómo recibe esos estímulos, y en suma será el hecho de cómo se percibe él según esos estímulos.

Una persona acostumbrada a suspender o a tener bajo rendimiento, no tiene una buena percepción de sí misma como estudiante y cambiar ésta percepción no es fácil ni depende de un solo factor.

El primer paso que ha de dar éste estudiante que quiere mejorar su percepción y cambiar su tónica en los estudios, es desear que suceda, pero el siguiente que es realizar un trabajo, no lo dan todos.

El trabajo que requiere hacer los cambios suficientes para pasar del suspenso al aprobado es un trabajo importante y el esfuerzo es considerable, tanto mayor como tiempo llevan en situación de suspenso, pues habrán dejado atrás hábitos adecuados y bastante base de conocimiento. Y para ayudar a éste cambio va bien tener una buena motivación.

La motivación es tener “un motivo” para hacer las cosas. Cuando les pregunto a los chicos de mis talleres cuál es el motivo para superar el suspenso, ninguno tiene una idea clara, como si la tienen sobre por qué salen a la calle y por qué van de fiesta, claramente les motiva divertirse.

¿Cómo motivarles?. Éste es un tema lo suficientemente amplio como para tratarlo en otro momento con más calma, pero me gustaría aportar en éste momento una idea importante: encontrar un motivo para esforzarse, es algo que corresponde en gran medida a los padres.

Algunos padres prometen premios, aunque se corre el riesgo de que desaparezca el esfuerzo con el logro conseguido, y/o se acostumbren a esforzarse solo si hay detrás un premio, lo triste es que en la vida, hacer lo que no nos gusta no tiene detrás ningún premio.

Otros padres les dicen que se esfuercen por tener un futuro, pero para los chicos “ese futuro” está muy lejano.

Quizá el trabajo de los padres consista en explicar todos los días, de mil modos distintos y con todo el cariño y la firmeza de que sean capaces, que el esfuerzo y el motivo de trabajar lo suficiente para obtener resultados positivos, es el hecho de acostumbrarse a la idea de trabajar bien y no conformarse con cualquier cosa, ya que cuando sean trabajadores solo tendrán oportunidades de mejorar si antes han practicado el hecho de esforzarse por trabajar por pura responsabilidad.

Es probable que lo que suceda es que no tenemos claro el modo en el que ha de pedirse esta responsabilidad y tendemos a gritar, exigir con contundencia, amenazar, perseguir y vigilar…tanto más, cuanto peores resultados cosechan como estudiantes.

No tengo la fórmula exacta sobre cómo pedir las cosas, pues cada uno de nosotros reaccionamos a distintos estímulos, pero conviene que recordemos que nuestros hijos no son de cristal, ni incapaces o tontos.

Ellos se dan perfecta cuenta de lo que les permitimos o no, ya que nos han puesto a prueba en todo momento prácticamente desde que nacieron. No han de entender que los estudios son cosas distintas a cualquier otra cosa que sucede en casa y si hay códigos de normas claras para ciertas cosas, deberían tener igual de claro lo que se admite y lo que no respecto a los estudios.

Por resumir, es importante que todos entendamos que para que los estudiantes mejoren y superen sus notas, todos los que les rodeamos tenemos algo que hacer.

Ellos mismos los primeros. Sus profesores también, son los que deben estar pendientes sobre si están presentes o ausentes en su clases, si cumplen o no con sus trabajos, etc, y poner todo cuanto tengan en sus manos para que sus alumnos se impliquen en los estudios; y los padres, en tanto deben dejar claro a sus hijos qué esperan de ellos, qué es aceptable y qué no,  qué pueden hacer por ellos y qué depende tan solo de ellos…qué consecuencias tiene cada uno de sus actos, desde los más pequeños hasta lo más grandes,…en definitiva, cuales son las normas de los estudios que imperan con exactitud.

Hay que enseñarles a desear y querer mejorar, mostrarles el camino de la responsabilidad, el trabajo y el esfuerzo, con cariño pero con firmeza, no aceptando que su trabajo sea mediocre o malo cuando pueda ser bueno.

Todas estas cosas no deben hacerse clavando en su corazón reproches, están aprendiendo y empezando a hacer lo que no han hecho antes y algo que les disgusta y cuesta bastante; pero ponle a nivel de su piel, a diario y a cada momento, la sensibilidad necesaria para que entiendan cuál es su trabajo y lo que se espera de ellos.

Lograrlo es mucho más que un premio ocasional, simbólico o incluso una felicitación, es sobre todo, un éxito personal para ellos que les hará cada vez un poco más grandes, poderosos y encaminados a lograr su propio camino de éxito.

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