¿En qué quiero que se convierta mi hijo/a?

Quiero que mi hijo/a sea médico/a, quiero que sea ingeniero/a, quiero que sea economista, quiero que sea feliz, quiero que persiga sus sueños, quiero que ….

Todo esto son deseos que pocas veces los padres nos formulamos en voz alta de manera consciente. Para todos está claro lo que no queremos para nuestros hijos, que sean unos vagos, ni nis o problemáticos en algún sentido.

Deseos y aspiraciones
Todos deseamos tener éxito, cada día contribuimos a lograrlo...o no.

Lo más probable, es que tengamos claro deseos por aproximación, es decir, aspiramos a que acaben una carrera, un módulo de grado superior...

Es totalmente seguro que todos deseamos para nuestros hijos éxito en su vida profesional y, por supuesto, en la vida académica, que entendemos es previa a la profesional. Sabemos que todo ello contribuirá a tener éxito en otras facetas de su vida.

Cuando estoy en mis talleres con los chicos, también a ellos les pregunto qué quieren ser de mayores.

Casi ninguno lo tiene definido con claridad, solo unos pocos tienen claro que seguirán los pasos de su padre o madre, o bien, que harán alguna carrera de vocación muy marcada, como la militar…

Lo habitual es que no lo sepan, pero la siguiente pregunta que les hago es ¿y ya tienes claro qué no quieres ser?. Esto es más fácil de responder, coincidiendo en lo esencial con sus padres, que vuelve a ser todo aquello relacionado con el fracaso social.

En cambio, cuando les pregunto si desean tener una familia, una casa, un coche y un buen trabajo, todos coinciden en que así es, esto es justo a lo que aspiran.

Tienen claro lo que es socialmente aceptado y correcto, lo que se espera de ellos en términos generales.

Tras haber realizado éstas  preguntas, les hago las dos siguientes, ¿cuándo vas a empezar a hacer lo necesario para alcanzar estos retos de tu futuro y cómo vas a hacerlo?.

No suele haber respuesta.

Os voy a contar la conversación que tuve el otro día con una buena amiga que es profesora de secundaria en la materia de inglés.

Ella me decía que se pregunta con frecuencia qué es lo que quiere que sus alumnos aprendieran, y qué cree que es útil para ellos. Éste es el pilar sobre el que basa todas sus clases, más allá de estructuras gramaticales inglesas, verbos o preposiciones.

Y creo que es justamente esa la clave para convertirte en un buen profesor, no dejar de preguntarte una y otra vez, qué quieres y cómo vas a conseguirlo.

Y como habréis comprendido ya, son las preguntas que siempre deberían estar implícitas en todos los actos y para todas las ocasiones.

Los padres deberíamos manejarlas y, con frecuencia, preguntarnos qué hay debajo de cada decisión que tomo, qué deseo trasmitir con lo que les digo, con lo que les pido y cómo lo hago. Cuál es la estrategia mejor para lograr que lo hagan, obedeciendo, comprendido y aceptando, incluso lo que no les guste tanto.

Pero también debería estar presente entre los profesores, cómo hace mi amiga profesora de inglés y a la que deseo dedicar estas líneas, porque creo que es una gran profesora y lo hace muy bien.

Ya que, más allá de lo que digan los currículums académicos sobre lo que ha de impartirse por asignatura, está el criterio del profesor que debe sopesar qué es lo que quiere que realmente quede en las mentes de sus alumnos, cómo lo va a transmitir para que les cale, y qué estrategias usará para llegar hasta todos sus alumnos.

Y esto es lo mismo que han de empezar a manejar los alumnos, comprendiendo que el futuro se va logrando cada día, pues la vida adulta no comienza una buena mañana al cumplir X edad. Cada día van tomando decisiones, estudiar o no, atender o incordiar, participar en clase o dejarse llevar, implicarse o lo contrario…

Y los padres debemos ayudarles a ver ésta realidad en cada detalle diario.

Cuando aceptan responsabilidades y las cumplen, se están preparando para ese futuro. Así como, cuando van asumiendo autonomía en sus trabajos y estudios; o cuando van superándose a sí mismos en objetivos y resultados.

Pero de algún modo también tienen la ocasión de recibir una lección para un futuro, cuando han suspendido y sus padres y profesores aprovechan esa ocasión para hacerse las dos preguntas ¿qué quiero? …Que cambie su actitud y estudie más a partir de ahora…, y ¿cómo lo voy a conseguir?, …

No creo que sirvan los sermones, pero seguramente haya una estrategia concreta que si funcione y que tiene bastante que ver con las consecuencias.

Todo es un aprendizaje y siempre debemos estar atentos y averiguar qué nos está mostrando esa experiencia, hacía donde me dirijo y cómo haré para lograrlo.

Espero haber sido de alguna ayuda y que os preguntéis ¿para qué me sirven estas pocas líneas?, y que la respuesta os haya valido la pena los minutos dedicados a leerlo.

Dejad vuestras opiniones y comentarios y compartid si os ha gustado.

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