Estudiar lo que me gusta VS. lo que tiene más salidas

A menudo estamos en la franja que separa el deseo de la obligación. En los estudios también sucede y en la toma de esas decisiones intervienen muchas personas, a veces demasiadas.

¿Qué hacer, seguir los dictados de los que nos quieren y saben lo que nos espera, o seguir nuestra intuición...?

El otro día tuve una conversación bastante interesante con una persona de manera totalmente casual. Ella tiene dos hijas mayores que ya han terminados sus estudios universitarios. Según me comentó, una de ellas tenía claro desde siempre lo que quería estudiar y la otra no.

Cuando llegó el momento de empezar a elegir en el instituto, su hija la que aún no se había decidido dijo que quería ir por letras, que era con lo que se sentía más a gusto y capaz.

Ésta persona me explicó de una manera totalmente natural que cuando llegó ese día ella le contestó a su hija:-“¿no estarás hablando en serio, qué será de ti en el futuro?, ¡las letras no tienen salidas!; haz algo que tenga salidas para ganarte bien la vida y luego ocupa el resto de tu tiempo en algo que te guste”.

A éste  comentario añadió lo siguiente: -“soy de la opinión de que todo el mundo puede hacer todo lo que se proponga, lo importante es desear querer hacerlo”, con ésta convicción orientó a su hija para que hiciera informática y la hija lo hizo; y según parece hoy está muy agradecida y contenta.

Esto me hizo reflexionar pues hace tiempo yo misma solía pensar algo parecido, pero después de haber conocido muchos casos diversos mi criterio ha cambiado.

Como punto de partida podría aceptar que la fuerza de voluntad y/o el deseo de querer alcanzar cualquier meta sería suficiente para lograrlas. Además, es una afirmación que resulta muy poética y parece hacernos invencibles incluso casi “sobre humanos”.

Pero no es una afirmación completamente cierta, tiene trampa.

En todo hay límites y  condicionantes, y si no, imagina el caso de una persona sobre estimulada para saltar una valla de 4 metros con el solo impulso de sus propios pies, será del todo imposible.

Hay situaciones obvias porque entendemos que no podemos desafiar a la física, pero,  ¿qué nos hace creer que en otro orden de cosas es diferente?, ¿por qué va a ser más asequible que una persona con poco hábito de estudio, sin apenas herramientas de eficacia o una base cultural limitada, pueda presentarse a una oposición y aprobarla, por ejemplo?, ¿por qué lo desea mucho?.

Es más, ¿crees que tenemos todos las mismas capacidades, competencias y habilidades?.

Si afirmamos categóricamente lo que decía ésta conocida, daría igual el nivel de competencia, capacidad o habilidad, pues todos podríamos alcanzar cualquier meta tan solo con desearlo.

Pero la realidad es que algunas personas están más capacitadas y cualificadas que otras en determinados aspectos y viceversa, esto no es ni malo ni bueno, sencillamente es así.

Ella ponía el ejemplo de un pianista y decía, ¿no es verdad que con el debido entrenamiento cualquiera puede tocar el piano? Y yo contesté, supongo que si.

Solo que el que tenga habilidad musical aprenderá antes y mejor a tocar el piano y será un virtuoso, a pesar de que otro con habilidad normal o baja, pero con esfuerzo, también pueda llegar a tocarlo. Ahora bien, ¿a qué precio?, ¿habrá sido gratificante, rentable, e incluso inteligente forzar las cosas para llegar a tocar como un virtuoso si te has dejado por el camino la ilusión, la auto estima, etc…, no siendo ésta tu mejor competencia?.

Quizá esa persona estaba muy capacitada para hacer gimnasia rítmica pero nunca lo puso en práctica porque tenía que entrenar para tocar el piano.

Y, por otra parte, le decía yo, creo que hay conocimientos e inteligencias solo al alcance de unos pocos y el resto, tanto si nos gusta como si no, estamos fuera, muy lejos de ese conocimiento, por más empeño e interés que pongamos. Y es que hay diferencia de capacidades.

Con los estudios pasa algo parecido.

En nuestra sociedad parece estar muy reconocida la inteligencia lógico matemática, quizá por estar muy asociada a profesiones más rentables, como las de ingenieros, informáticos, médicos, etc.

En cambio no todas las personas tenemos muy desarrollada de manera innata éste tipo de inteligencia.

Los planes de estudio están pensados para que la mayoría de estudiantes los superen, pero en muchas ocasiones "superar ciertas materias" no te convierte ni mucho menos en un erudito en matemáticas, físico y química, etc.

Pero, a pesar de esto, son muchos los alumnos que se ven forzados a asumir materias que les cuesta muchísimo esfuerzo para mayor gloria del deseo de sus padres, por creer que estos les convertirá en más exitosos en el futuro profesional.

Por el contrario, existen grandes genios de la escritura o las bellas artes, por ejemplo, que no ven reconocida su valía ni están tan cotizados como los ingenieros y quizá esa sea la razón principal de que muchos padres no estimulemos esas virtudes que en cambio reconocemos en nuestros hijos.

A menudo podemos encontrar profesionales mediocres o trabajadores hastiados realizando un trabajo monótono e insatisfactorio que luego han tratado de compensar con actividades más afines a sus gustos y actitudes en su tiempo de ocio, pero que a la postre cada mañana se levantan con un entusiasmo apagado y arrastrando sus pies hacía ese lugar que les da de comer y les paga las facturas.

No diré que esto es poco, hoy en día en realidad es mucho.

Existen grandes frustrados por no hacer lo que les hubiera gustado hacer, cobrando sueldos normales tras un esfuerzo importante por llegar a ser lo que otros quisieron que fueran y renunciando a sueños que quizá les hubiera llevado más lejos, o al menos, les hubiera hecho el trayecto más estimulante y divertido.

El riesgo de elegir lo que uno desea es que seguramente hay que enfrentarse a inconveniente difíciles de sortear. Uno de ellos es el enfrentamiento con aquellos que te dictan el camino a seguir, aunque lo hagan por nuestro bien.

Otro es que, a pesar de desarrollar tu mayor pasión, no consigas ser tampoco una eminencia ni siquiera en apretar tuercas, aunque en este caso al menos habrás hecho un camino bastante gratificante y, al final, el resultado económico será semejante al del camino convencional.

Yo no tengo una opinión firme y absoluta sobre esta cuestión, en cambio no me atrevo a decir categóricamente que hacer lo que conviene garantiza un futuro determinado.

En cambio sí creo que es bastante conveniente conocer los límites de cada uno y también las virtudes y al menos no aceptar opciones muy alejadas de tus virtudes o que requieran grandes esfuerzos por sortear tus límites.

Aunque esto impliquen elecciones “políticamente poco correctas”.

Me gustaría mucho conocer tu opinión y estoy segura que otras personas también la valorarían. Creo que estamos muy a menudo en la franja sobre el qué conviene hacer y qué nos gustaría hacer, y en esa incertidumbre se nos va el tiempo sin tomar decisiones.

¡Anímate y escribe un comentario! Y si crees que le puede interesar a otros, compártelo.

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2 comentarios en “Estudiar lo que me gusta VS. lo que tiene más salidas

  1. Andoni

    Creo que la vida te va ir marcando tu camino, quizás no termines haciendo lo que te gusta, pero lo habrás intentado y por ese lado siempre estarás tranquilo.
    Puede que en poco tiempo esos estudios que tenían tanta salida ya no las tengan y entonces qué?
    Sin duda que cada uno elija, aunque no siempre se gane.

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    1. Elena Corbella Sombría

      Interesante reflexión...¿y si al final esos estudios con tanta proyección dejan de tenerla?.También me gusta cuando dices...aunque no siempre se gane..., seguro que nunca será perder el tiempo y también puede que ganes una posición determinada aunque no fuera la prevista. Gracias por tu opinión y esa interesante reflexión.

      Responder

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