Si quieres que tus hijos aprueben, acostúmbrales a que hagan su cama

Nuestros hijos no nos sorprenden un día con unas notas malas, ni con una actitud pasota, esto es el resultado de un comportamiento determinado a lo largo de un tiempo del que los padres somos testigos más o menos conscientes.

Siendo honestos, todos sabemos cuáles van a ser los resultados de las notas del trimestre antes de que se las den, e incluso antes de hacer los exámenes y también conocemos algunas de sus respuestas a preguntas habituales, tales como: “¿has estudiado?, ¿cómo te ha ido el examen?, ¿cuándo vas a empezar a estudiar hoy?, ¡¿ya has terminado los deberes!?....”

estudiante sin motivos
Estudiante desmotivada sin deseos de hacer nada

Mi teoría sobre el por qué suceden estas situaciones esperadas pero no deseadas, tiene que ver con la conducta que mantienen nuestros hijos desde que son muy pequeños y que los padres hemos permitido de alguna manera.

No se trata de buscar culpables, pues para apreciar “culpa” debería haber “intención” y lo último que deseamos los padres es que nuestros hijos sean “pasotas”, poco responsables, o poco reactivos a las bajas calificaciones pudiendo dar mucho más.

En realidad, se trata de que sepamos lo que queremos de nuestros hijos y seamos capaces conscientemente de hacer lo posible para que se dirijan a ese fin.

Pero esto es muy teórico y difícil de entender así, contesta a esta pregunta:

¿cuantas veces, ambos, padre y madre, habéis hablado sobre lo que esperáis de vuestros hijos y cómo lograrlo?.

Algo así como: -estaría bien que nuestros hijos fuesen responsables y autónomos con los estudios, sus relaciones, … y para ello vamos a …, qué te parece, cómo lo haremos… -. La respuesta a la pregunta es “nunca”.

Funcionamos en piloto automático sometidos a situaciones que se dan en el día a día: trabajos estresantes, largas jornadas, familias monoparentales, falta de unidad de criterio entre padres divorciados y no divorciados…

Y tomamos decisiones inmediatas, para resolver la situación que tenemos en frente, sin hacer un planteamiento de por qué actuamos así, o para conseguir qué.

Desde que son pequeños les gestionamos sus horas de ocio, jugamos con ellos y cuando nos dicen que se aburren, nos afanamos en hacer cosas para que se distraigan, además de ahorrarles cualquier esfuerzo que no les guste demasiado o les haga pensar si lo que están haciendo no es de su agrado...no vayan a creer que el juego tiene requisitos de concentración, esfuerzo y logro.

Cuando los hijos son más mayores suceden otra serie de cosas que tienen también mucho que ver con la responsabilidad:

Hacer la cama, ordenar el cuarto, seleccionar su ropa, que pongan la mesa, que saquen al perro, que tiren la basura…son actividades que se dan en todas las familias y que deberían compartirse como deberes entre toda la familia, pero no todas las familias hacen partícipes a los hijos de estas actividades, o si lo hacen pero con un grado de exigencia bastante cuestionable.

Sé de casos en que los padres pagan a sus hijos por realizar estas tareas, y creo que es un error, pues forman parte de las labores del hogar que entre todos se han de asumir porque si, no por una paga, simplemente porque es de todos, para todos y por lo tanto sencillamente han de contribuir todos en la medida de sus posibilidades.

Es típica la situación en la que los padres hacemos “sus cosas” por economía de tiempo, porque lo hacemos mejor, o lo que es aún peor, para que los hijos no lo hagan…no vaya a ser que piensen que en la vida hay que trabajar.

Nuevamente, las exigencias del momento o la falta de planificación sobre los propósitos buscados, se anteponen a decisiones meditadas.

Pero, además, hay un elemento que se ha colado en las casas en los tiempos actuales y que supone un arma de doble filo “el refuerzo positivo”.

Estoy muy de acuerdo que si hay que reforzar, es más eficaz y mil veces mejor, que sea de manera positiva, pero lamentablemente hemos desterrado de muchos hogares la reprimenda, y sin embargo, en la vida hay situaciones reprobables y que han de reprimirse.

Es excelente que digamos a nuestros hijos “¡bravo, eso está muy bien!”, pero también hay que decirles “-eso que has hecho no está bien, eso no es correcto, no sirve, no vale…y lo puedes hacer mejor, ¡ánimo, “hazlo”!-.

El exceso de positivismo puede llevarles a pensar que la vida es maravillosa, que son el centro de atención y que todo lo hacen bien.

Y es que en muchos casos, desde que nacieron se hicieron dueños de la voluntad de los padres y desde el inmenso amor que les tenemos, nos resulta imposible negarles algún “capricho”, reprenderles o llevarles la contraria.

Si les acostumbramos a complacerles, si no les enseñamos a responsabilizarse de algunas cosas y si no les decimos que se equivocan y tiene que corregir, cuando sean mayores serán de esos adolescentes que gritan a sus padres, son intolerantes, no aceptan imposiciones, son indomables, …, no se hacen con ellos.

Seguramente os preguntéis qué tiene que ver todo esto con los estudios, con los resultados académicos y con la motivación para estudiar. Pues tiene que ver todo.

¿Cómo vamos a pedir a estos chicos que sean responsables y autónomos en sus estudios, si no se han hecho responsables de nada: ni de su cama, ni de sus cosas, ni de su ropa...?, ¿cómo pedirles que realicen el arduo trabajo de estudiar y esforzarse al llegar a cursos con los que ya no es suficiente simplemente “escuchar” lo que se dice en clase, si creen que todo lo hacen bien?. ¿Cómo pedirles que estudien solos si siempre han preferido jugar, han conseguido sus deseos con poco esfuerzo, o solo lo han hecho a cambio de recompensa?.

Si desde que son pequeños asumimos su, ocio, sus responsabilidades, justificamos sus fracasos, o somos permisivos con la calidad de lo que hacen, cuando sean mayores no podremos pedirles que se hagan responsables de sus estudios, que se concentren estudiando y que hagan un buen trabajo, y no podremos porque sencillamente no lo han aprendido, están acostumbrados a que se lo hagan y a que no hay ninguna consecuencia si no cumplen con sus responsabilidades.

En mis talleres veo a menudo niños que lo único que quieren es jugar, que no soportan tenerse que esforzar en leer, pensar, o realizar un trabajo que no les apetece, y padres “convenciendo” a sus hijos para que lean un “trocito” y así luego consiguen algo, un reforzador.

No es que los niños sean caprichosos o poco trabajadores, es que no están acostumbrados a hacer lo que no les gusta o les supone un esfuerzo.

La realidad es que en el mundo laboral al que se tendrán que enfrentar un día, está plagado de responsabilidades, de exigencias, de competidores…y a eso es para lo que les tenemos que preparar.

Favorecer la autonomía de nuestros hijos y enseñarles a asumir responsabilidades pasa necesariamente porque entiendan que hay algunas cosas que se tienen que hacer sencillamente porque les toca, si bien, debemos tratar de hacerles entender que esto en sí mismo es bueno.

No se trata de ser intolerantes e inflexibles con nuestros hijos, sino de ser firmes cuando se trate de asumir alguna tarea.

Hacer la cama, es una responsabilidad que pueden empezar a asumir desde corta edad. Las tareas se van programando progresivamente desde que son pequeños en relación a su edad y capacidad, se felicita cuando se ha hecho, aunque esté mal, pero se les pide que la próxima vez se haga un poco mejor.

Se les hace entender que contribuyen, como todos en la casa, que son capaces de hacerlo solos y así se va trabajando en su autonomía y en la imagen que tendrán sobre ellos mismos y sus capacidades.

Seguro que cuando llegue el día en que les digamos, -eso que has hecho de clase está muy bien, porque lo has hecho tu solo, y sé que lo puedes hacer aún mejor-, será un buen comienzo para trabajar su autonomía también en sus estudios.

Un resumen rápido podría ser algo así:

  1. Los padres siempre debemos estar atentos y vigilantes, a lo que hacen y lo que no, es decir, a lo que no quieren asumir y por qué, para alentarles a hacerlo, no para ahorrarles esfuerzo y trabajo, pues esto es solo un flaco favor.
  2. No les pidas las cosas con exigencia e inflexibilidad, o considerarán las tareas órdenes e imposiciones sin un fundamento práctico, tan solo una orden que siempre les va a ganar por la mera autoridad. Es mejor que tengas una actitud firme pidiendo las cosas, para que no interpreten que hay opción a la negociación, pero pídelo en un tono libre de imposiciones.
  3. Frente a la discusión de –no quiero hacerlo-, o –por qué tengo que hacerlo-, basta con un simple: sé que puedes responsabilizarte de eso y así contribuyes como lo hacemos los demás; no es necesario dar grandes discursos ni muchísimas explicaciones, lo van a entender seguro.
  4. Trata los temas que generan responsabilidad, esfuerzo y trabajo de tus hijos con naturalidad, líbralos de dramatismo que a buen seguro lo van a dotar ellos. Se hace y ya está, además, cuanto antes se haga bien, mucho mejor, así se pueden luego hacer cosas que sea más de su agrados, siempre dejando claro que esto es prioritario.
  5. Si les tienes que reprender, no te sientas culpable, hazlo, pero no es necesario hacer leña del árbol caído, ni machacar. Evita los dramas y no les dejes profundas heridas.
  6. Todo lo anterior puedes aplicarlo a sus responsabilidades respecto al estudio o las tareas de clase; son la misma cosa.

Y , ¿por qué todo esto?

Porque en el mundo académico no van a negociar nada los profesores con ellos.

Porque en el mundo laboral muchas cosas no serán del agrado de nuestros hijos, pero deberán realizarlas igualmente, es mejor que aprendan pronto que en la vida hay cosas que apetecen y otras que no…y ningún jefe o cliente exigente les va a librar de lo que no les gusta por tratarse de nuestros hijos.

Porque para pedirles responsabilidad en los estudios (en los trabajos, en las relaciones…), hay que enseñarles lo que es la responsabilidad, no evitársela, ni camuflársela…ni pintársela de “color rosa”.

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5 comentarios en “Si quieres que tus hijos aprueben, acostúmbrales a que hagan su cama

  1. José

    Cuanta razón tienes... ¿y lo cansado que resulta decírselo todos los días?, pero así ha de ser, si conseguimos que terminen siendo responsables empezando por su entorno familiar será el primer paso para que lo sean fuera.

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  2. Jlo

    De nuevo un tema super interesante para los papas y mamas...Es cierto que a los hijos hay que dejarles que vayan siendo ellos mismos y que vayan cogiendo sus propias cosechas a base de un esfuerzo..Y para llegar a ese esfuerzo, es donde los padres intentamos marcar un camino a nuestros hijos..que ellos mismo vayan tomando conciencia de que las cosas no se regalan..y que todo cuesta. Todo esfuerzo tiene su recompensa. Si sueñan con su objetivo y son conscientes de lo que ello conlleva, seran capaces de hacerlo..Pero para ello, debemos estar ahi..distantes..pero ahi, siempre con la mano tendida para ayudarles, eso si en lo justo, porque tbn merece la pena que se caigan, sepan levantarse y aprender de ello.
    Enhorabuena por el Blog.

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