Independízate de las tareas de tus hijos sin sentirte culpable

¿Quién depende de quién, los hijos de los padres para estudiar o hacer las tareas de clase; o los padres de los hijos diciéndoles cómo han de hacer las cosas?.

La dependencia está presente. Para muchos padres, si no toman medidas se produce fracaso. Y los hijos, si no estudian con alguien, no saben hacerlo.

Padre estudiando con su hija
Padre estudiando con su hija

Todos tenemos el deseo de que nuestros hijos estudien solos, no pierdan el tiempo y tengan buenos resultado.

Pero la cosa va más allá, porque queremos que lo hagan de un modo concreto: que se sienten e inmediatamente estén en modo “on”. Que tengan una media de notable-sobresaliente. Que sean ordenados, con iniciativa, creativos...

Para ello pasamos mucho tiempo diciendo cosas como: ¿qué tienes hoy de deberes, cuándo te examinas, ya te lo has estudiado, ya hiciste el trabajo de…, cómo lo has hecho, luego te lo voy a preguntar...?.

¿No es esto dependencia?.

Existe un punto de normalidad donde los padres estamos pendientes de la evolución de los hijos, de sus dificultades y necesidades. Este punto tiene que ver con una vigilancia o atención desde "la distancia", es decir: les observamos que trabajan en casa (distinto a "calentar la silla", ya hablaremos de eso),  comprobamos la agenda de clase y que no hay notas de los profesores sobre bajo rendimiento o comportamiento, pedimos alguna reunión con los profesores y acudimos a las que ellos convocan para estar informados sobre qué hacen en clase y cómo se comportan...

Pero se pasa fácilmente a la DE pendencia cuando las situaciones se nos van de las manos y hacemos cosas con la intención de resolver algo que en realidad no depende directamente de nosotros.

Por ejemplo: hay padres que no duermen la semana de exámenes pensado en qué pasará; otros no aceptan menos del sobresaliente; muchos les hacen los trabajos y aún muchos más estudian con ellos y supervisan todas las tareas diarias.

He conocido varios casos en los que preparan a su hijos en verano para el curso siguiente, y no me refiero a reforzar o realizar alguna tarea en verano, me refiero a adelantar materia para seguir manteniendo su puesto de número uno en la clase. Pasa algo parecido con aquellos que justifican los malos resultados a toda costa, y por supuesto, es culpa de "otros".

Yo creo que la mayor gloria del éxito de éstos chicos cuyos padres son dependientes no es para ellos, sino para los propios padres, al igual que su fracaso es también su mayor derrota.

En el fondo se trata de control: padres que intentan controlar algo que está fuera de su control directo por lo que se esfuerzan sobre manera para indicar cómo deben hacerse las cosas.

Pero en realidad, ¿para quién son las tareas de clase, o los trabajos, o las carreras universitarias?, y por tanto ¿quién debería hacer lo posible?, ¿de quién debe ser el éxito o el fracaso?. Cuando un campeón olímpico consigue una medalla hará un discurso de agradecimiento mencionando a sus entrenadores, a sus familias.., pero el deseo de obtener esa medalla estaba en él y también el esfuerzo.

Es cierto que la sociedad en la que nos encontramos tiene grandes exigencias y el éxito académico parece predecir un futuro exitoso, pero existen factores que no se deben perder de vista porque favorecen el éxito tanto (o a veces más) que los propios sobresalientes.

En el mundo laboral no se valora SOLO que sepas o domines alguna materia, sino que reúnas algunas competencias, como: relacionarte correctamente, tener empatía, saber trabajar en equipo, …

Por ejemplo, eres un buen líder cuando sabes convencer, tienes carisma, eres flexible, eres realista,…e incluso en otras sociedades como la americana, estás mejor visto en el mundo laboral si has fracasado alguna vez en tus proyectos profesionales.

Es decir, si estás encima de tus hijos para que no “comentan errores” o para que sean brillantes, les estás privando de equivocarse, de gestionar su propia frustración, de que busquen sus propias soluciones alternativas y de afrontar consecuencias por no cumplir con sus responsabilidades.

En suma, les estás privando de desarrollar habilidades muy útiles para el logro de metas y para su vida futura.

Es difícil aceptar un suspenso, a veces es insoportable, porque todos los que tenemos hijos deseamos que les vaya muy bien, que tengan mucha facilidad para estudiar, que sean los primeros de la clase, etc. Es el orgullo de los padres el que está en juego cuando las cosas no suceden como ellos quieres.

Ahora imagina que deseas que se sientan orgullosos por si mismo y que te da igual el resultado que obtengan en un examen, tan solo te importa que al final del mismo estén satisfechos con lo hecho.

Imagina que les dices que aprender X (la materia concreta que se les atraviesa) es muy beneficioso para Y situación, y que superarse a si mismo les hará sentir muy bien, como cuando llegaron a remo al otro lado del lago sin la ayuda de nadie, o cualquier otra anecdota en la que se sintieron especiales.

Insiste en la idea del trabajo bien hecho, y ponles ejemplos de lo que es un trabajo bueno y uno malo, como cuando se comen una hamburguesa deliciosa u otra con pan sin más.

Después de ésto diles, me da igual el resultado. Simplemente han de interiorizar lo importante que es comportarse así, orientándose al éxito, la superación y el trabajo bien hecho, por ellos mismos y para ellos mismos. ¿Qué crees que va a pasar?, seguramente tengan éxito en el corto plazo manteniendo firmes estas constantes.

Pero creo que es un error tratar de evitar el “dolor” que produce un suspenso, a base de sobreprotección y superproducción de trabajo extra ya que esto solo favorece la dependencia recíproca.

Asume que en la vida es mejor equivocarse que ser dependiente, la tarea de un padre preocupado por sus hijos es la de estar ahí para motivarles, explicarles qué deben hacer y hacerse presentes cuando caigan.

Si quieres ayudar a tus hijos a trabajar su independencia en los estudios, intenta esto:

  1. Explícales qué esperas de ellos, háblales del éxito y cómo se van a sentir.
  2. Cree en ellos y su capacidad para alcanzar cualquier objetivo propio de su edad y situación y házselo saber.
  3. Dales tiempo para hacer el trabajo y no lo juzgues si no está exactamente como lo imaginaste.
  4. Si crees que tiene capacidad para hacerlo mejor, díselo, haz que se oriente hacía los resultados bien hechos, pero sin recriminaciones.
  5. Vigila lo que hace, pero no le hagas las cosas, ni le digas cómo hacerlo exactamente, tienen muchos recursos. Debes estar cerca, pero no encima.
  6. Revisa su agenda y comprueba que cumple con su responsabilidad.
  7. Habla con sus profesores para estar informado de su actitud y compromiso en clase.
  8. Oriéntales siempre al logro y diles que son capaces de dar mucho.
  9. Dales las herramientas para obtener sus logros y no lo confundas con que lo hagan igual que lo harías tu.

Si te cuesta imaginar cómo llevar a cabo esta situación, te propongo lo siguiente.

Imagina un día normal de un trabajo cualquiera. Tienes que contestar un mail. Seguro que no esperas que llegue un responsable y te diga: “contesta el mail, dile tal cosa, pon negrita en el título y en la firma que aparezca bien clara la dirección y el teléfono. Antes de dar a “enviar” comprueba tres veces la redacción y luego me envías reporte de que lo has hecho”.

Si acostumbras a tus hijos a ser tú quien les supervisas todos los trabajos, a decirles qué y cómo han de estudiar, a repasar sus lecciones…¿Dónde está el margen de su autonomía y la confianza en ellos?

Éste es un tema muy amplio, se han quedado muchas más cosas por tratar: cómo pedirles que trabajen y te hagan caso, cómo decirles que no está bien hecho sin que se pongan histéricos, cómo hacer que se exijan más de sí mismos…pero lo iremos viendo poco a poco, ¡de eso va éste blog!.

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