Premios o Castigos

Lo primero que me gustaría decir es que sobre éste tema no hay nada infalible, lo que vale es lo que funciona en cada caso, por tanto ¿qué será mejor, aplicar consecuencias negativas o bien, prevenir y propiciar las cosas para que sucedan consecuencias positivas?. Seguramente sea una combinación de ambas cosas.

Lo que creo que sí puedo decir sin temor a equivocarme es que, tanto lo uno como lo otro está dirigido a controlar lo que sucede o va a suceder y es importante saber que en determinadas situaciones, tanto si haces algo como si no, pasarán cosas, de manera que es mejor elegir lo que quieres que vaya a pasar, o al menos intentarlo.

¿Premios o Castigos?
¿Premios o Castigos?

Para muchas personas la fórmula ideal es la prevención y el estímulo positivo, el incentivo y por lo tanto, lo que favorecen es el premio. “Sí haces tal cosa, obtendrás tal otra”, simple y sencillo, en muchos casos ideal y eficaz, pero ¡ojo!, esto tampoco es infalible y tiene algunas sombras.

Si acostumbramos a nuestros hijos a que cualquier cosa que hagan tiene aparejado un premio o una recompensa, pueden pensar que solo si les interesa el premio, harán lo que se les pide; y además, los estímulos externos pueden dejar de ser un aliciente.

De hecho, estudios diversos demuestran que el estímulo intrínseco es más eficaz que el extrínseco, entendiendo por intrínseco aquel que se relaciona con el deseo de realizar esfuerzos por el hecho de obtener satisfacción personal, aumento de la autoestima, o sencillamente, por haber interiorizado que es su responsabilidad y cumplir con ella es una satisfacción en sí mismo.

Es decir, que el uso excesivo del refuerzo extrínseco, o el premio, recompensa…por las buenas notas, por hacer la cama, por visitar al abuelo enfermo, etc, tiene un efecto en ocasiones efímero e insatisfactorio.

Si vais a trabajar con este estímulo, medid qué ofrecéis y en relación a qué. Es muchas ocasiones las mejores recompensas o reforzadores tienen que ver con el reconocimiento, la atención especial y puntual asociada al logro concreto, y poco más.

Pero la gran tentación en esas situaciones en que suceden cosas no deseadas en casa, como pueden ser los suspensos, es recurrir al castigo.

Creo que un buen comienzo para hablar de castigo es hablar en primer lugar del consabido “el que avisa no es traidor”.

Conocer los efectos de nuestros actos antes de que sucedan, genera claridad y todo el mundo sabe a qué atenerse.

Pero si usas éste recurso, no olvides que aquello que adviertes, has de cumplirlo, y que en éste tema como en todos en realidad, es esencial que exista unidad de criterio entre aquellos que creáis y aplicáis las normas en casa. No es necesario hablar de los perjuicios que ocasiona y la confusión que provoca la imposición de un castigo por parte de un padre o madre, y la eliminación del mismo por parte del otro.

Y si has de cumplir lo que adviertes, no olvides tampoco pensar dos veces lo que adviertes, ya que en ocasiones propicias castigos que son más bien “condenas” para todos, pues a veces involucras a más de uno en el mismo; o bien, es de tal magnitud que no puede cumplirse porque se hace insostenible o se diluye en el tiempo.

Serían esos casos en los que el castigo consiste en privar de ver la tele durante dos meses, no salir hasta el verano, o ¡no salir en todo el verano!...¿quién va a controlar ésta situación, cómo lo harás…?.

Lo que sucede en muchas ocasiones es que en las propias familias no están demasiado claras algunas normas, ni tampoco el objetivo que se desea lograr o aquello que se quiere evitar, y se actúa sobre la marcha, más bien “en piloto automático” y bajo los efectos del “calentón del momento”.

Por tanto, otro elemento que conviene controlar es cómo aplicar consecuencias. En muchos momentos lo más recomendable es no actuar en el calor del momento y esperar para dar una respuesta a que el ambiente se enfríe para aplicar la medida mucho más meditada; no pasa nada por decir en ese momento algo así como: …”no es el mejor momento para hablar de lo que va a pasar, lo hablamos más tarde”, pero ¡hazlo!, y no esperes demasiado tiempo, o volverá a reinar la confusión.

En ocasiones las cosas se ven con más claridad si las relacionamos con nuestro entorno inmediato de acciones y consecuencias, y esto nos sucede a los adultos en el mundo del trabajo. Así que, me pongo a imaginar qué pasaría si en el trabajo tuviéramos jefes que cada día cambian de opinión sobre lo que esperan de sus trabajadores, o que cada uno opinara cosas distintas.

Por seguir con el ejemplo, no cabe imaginar una situación en la que los jefes estén constantemente alentando a sus trabajadores a hacer lo que se supone que tienen que hacer  dándoles parte de su paga con cada acción bien realizada, o lo contrario, reduciendo el sueldo y aplicando medidas drásticas con cada error cometido.

A veces es más fácil saber qué decisión tomar con nuestros hijos si nos paramos a pensar qué queremos y a imaginar lo que sucederá con las distintas soluciones que se nos ocurran.

En realidad, como suele pasar casi siempre, seguramente lo idea es una combinación de todas estas cosas.

Quizá algo así:

  1. Normas claras sobre aquello que deseas que suceda. Si deseas buenas notas, has de ser claro y trabajar sobre ello. Donde están sus dificultades, qué les pasa, qué les motiva y qué no, cómo estudian…ayudándoles a resolver éstas situaciones.
  2. Motivar es tener un motivo, como decía en el post “el deseo por aprobar no será suficiente”, y para ello es eficaz tener un premio como recompensa a ese esfuerzo puntual. El premio no tiene que ser necesariamente algo material ni el estímulo externo, puede estar más valorado el estímulo emocional.
  3. Si has aparejado un castigo a una conducta que no querías que se diera, hay que cumplirlo, es la consecuencia de las cosas que no están bien hechas, pero para que sea  eficaz, debe estar muy clara la consecuencia.

A mi modo de ver, ponerse en la situación del otro es fundamental.

Imagina que eres tu hijo y responde a la pregunta, ¿por qué crees que ha sucedido?, si crees que un castigo lo resolverá, esa será la respuesta, si crees que lo resolverá mejor un incentivo en el comportamiento contrario, plantéalo así. Y no olvides explicar el porqué de las cosas, lo que quieres y lo que puede pasar.

¿Qué opinas?, ¿Crees que es más eficaz el premio que el castigo o viceversa?. Deja tu opinión personal, porque no hay nada escrito, solo vale lo que te funciona a ti.

Sí te ha gustado, quizá lo quieras compartir.

Gracias y hasta la semana que viene.

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