La auténtica razón por la que tus hijos no se comprometen con los estudios

El hecho nunca es que no puedan, es que no están lo suficientemente interesados.

En realidad si desean aprender a hacer piruetas con la bici, con el yoyó o con la peonza, tras mucho practicar, se hacen con el control, aspirando en todas las ocasiones a ser los mejores.

En realidad es lo mismo que pasa con todo y con todos, con mayores o pequeños, estudiantes o trabajadores, amas de casa o astronautas…es la condición humana –

Si albergamos el deseo de dominar alguna cosa con destreza, sea la razón que sea la que nos mueve a hacerlo, lo conseguimos-.

La curiosidad es la llave de la motivación por aprender
La curiosidad es la llave de la motivación por aprender

Por lo tanto, cuando no se consiguen los objetivos la única y verdadera razón es que no estábamos lo suficientemente motivado.

Es cierto que ha de darse un requisito previo imprescindible, y es que el deseo forme parte del mundo de la realidad y no de la fantasía, es decir, no se puede pretender vivir en la ingravidez o como un pez bajo el agua.

Si llevamos esta premisa al mundo de los estudios, podríamos decir que un estudiante de primaria no puede desarrollar estudios universitarios, pues esto pertenecería al mundo de la fantasía, como no puede leer un libro de cuatrocientas hojas en diez minutos.

Si dejamos al margen las proezas propias de superhéroes y otros seres mágicos y nos centramos en la realidad, otros también podría decir que además han de darse condiciones objetivas suficientes y necesarias para conseguir el objetivo, pero en realidad esto es algo que viene a posteriori.

Porque si una persona siente deseos de aprender a tocar el piano, y realmente es un deseo de los que mueven montañas, trabajará todo lo que sea necesario hasta lograr la destreza que lo haga posible y todas las condiciones que sean necesarias se darán para desarrollar esa habilidad que al principio no tiene.

No importa que ese pianista no tenga la habilidad de Beethoven, o la genialidad innata de Mozard, lo que importa es que lo deseaba tanto como para practicar horas y horas, investigar cómo hacerlo mejor, ser más preciso, etc. Quedará fuera de su alcance probablemente la posibilidad de componer una obra maestra inédita de la talla de estos grandes compositores, pues no hablamos de genios, pero seguro que llega a ejecutar esas piezas con maestría, sensibilidad, e incluso genialidad, ya que es lo que de verdad desea.

Todas las personas sentimos deseos de alcanzar algo, absolutamente todas los sentimos, incluso la persona más inactiva que conozcas, la más “parada o vaga”…, ya que el deseo para uno puede ser subir a la luna y para otro sencillamente alimentarse, descansar, o sentarse en paz a disfrutar de un rato de soledad.

Por lo tanto, cualquier deseo ha de contar con un motivo para ser alcanzado: deleitarse tocando el piano, ser un As con el Yoyó, o descansar en absoluta soledad.

Si esto es así, pregúntate ¿por qué tu hijo/s no alcanza el aprobado, el notable, el sobresaliente?...

Revisemos los motivadores de los estudiantes. En primer lugar deberíamos preguntar para quién es importante el deseo de aprobar ¿para los estudiantes?, ¿seguro?. Yo creo que “aprobar” no es un motivador en sí mismo para la mayoría de estudiantes (dejemos por el momento al margen a estudiantes universitarios…).

No conozco ningún niño de infantil o primeros cursos de primaria que digan que estudian para aprobar, ellos sencillamente van al colegio y según van pasando los años dejan de saber para qué van. Nunca se nos ocurre preguntarles qué han aprendido en clase, qué han hecho nuevo, etc.

No fomentamos el valor “aprendizaje”, el deseo de “descubrir, comprender, experimentar, ampliar su mundo”. Los niños no comprenden el concepto aprobado o suspenso, en cambio, poco a poco se les empieza a imbuir el deseo del “aprobado, notable, sobresaliente…”, pero el deseo ¿de ellos?, no, de sus padres, profesores, sistema… y el principal motivador humano, que es la curiosidad y el deseo de aprender, sencillamente nos lo cargamos a favor de lo evaluable, mensurable, comparable...

Cuando los estudiantes están en secundaria han olvidado completamente para qué estudian. Como decía H. Gardner –Los alumnos entras al colegio como signos de interrogación y salen como puntos finales-. Y a estas alturas los profesores han olvidado cómo hacer posible la transmisión de conocimientos ya que han de ceñirse a la programación, cada vez más abultada.

¿Puede ser motivador estar sentado durante cincuenta minutos escuchando hablar sin parar a una persona?, ¿entusiasman fotocopias de arte en blanco y negro, apuntes tomados a mano sobre historia, con palabras nuevas que apenas saben cómo se escriben?.

¿Es motivador llegar a casa, después de seis horas o más de estudio en el colegio e instituto, y ponerse a hacer deberes de esto, lo otro, trabajos, leer, etc…durante dos, tres o cuatro horas más?.

¿Cómo le explicamos a un alumno que debe aprenderse todas las capitales del mundo, de Europa, de África, etc. si con un click lo puede conseguir?.

Digamos que valoramos como importante el desarrollo de la memoria y desde éste punto de vista se exigen ciertos trabajos, como aprender poemas o largas listas de países, ríos, etc. Y, digamos también que valoramos como importante que nuestra sociedad sea “culta” o tenga una relativa cultura general y que ésta es la razón de que sepamos situar un río importante, o la capital de un país determinado.

Pero, sin menospreciar éstas elevadas intenciones que me parecen valorables, he de decir que hay muchas otras cosas que se nos olvidan transmitir y que tiene que ver con la ilusión y los deseos de saber.

Expliquemos para qué han de saber ubicar una ciudad y hagamos a los estudiantes comprender que su esfuerzo tiene un porque.

La escuela no entusiasma y son muchos los padres que tratan de hacerlo a través de promesas materiales, pero no nos equivoquemos, éste tipo de estímulos pertenecen a otra clase y debería usarse poco y para otras cosas, aunque sobre esto hablaremos en otro momento.

Digamos que la motivación no es un hecho aislado que corresponde adquirir o desarrollar al propio estudiante, pues en cierta medida todos somos responsables de la desmotivación generalizada. El sistema no ilusiona, los alumnos tienen cuanto necesitan, y por tanto carecen de sueños o metas que lograr. Y olvidamos a menudo que estudiar deberías ser sinónimo de aprender y no algo con lo que pelear hasta someter o sencillamente algo que aprobar.

Y tú, ¿estás de acuerdo?, ¿cómo crees que se podría mejorar el estímulo en el sistema educativo?

Comparte si te ha gustado y deja tus opiniones.

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2 comentarios en “La auténtica razón por la que tus hijos no se comprometen con los estudios

  1. Maite Carmona

    Gracias Elena,me ha encantado,como siempre y estoy totalmente de acuerdo. Hace falta un cambio,este sistema educativo está caduco,si es que alguna vez sirvió....deberíamos exigirlo.Esta en juego la felicidad de todos, alumnos y profesores también, aunque muchos se resistan a los cambios.

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    1. Elena Corbella Sombría

      Gracias a ti Maite por dejar tu opinión autorizada, eres una docente genial y espero que muchos copien tus métodos, que se ilusionen dando clases como lo haces tú, que salgan de su zona de confort e intenten cosas nuevas. Es verdad que es necesario un cambio, a ver si somos capaces...

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