6

Creo que nadie discute la importancia de favorecer la autonomía de nuestros hijos estudiantes desde las casas, así como tratar de inculcarles que han de ser responsables de sus propias obligaciones, pero ¿cómo se hace?.

Queremos que nuestros hijos estudien bien, trabajen bien y consiguientemente tengan buenos resultados académicos, y en muchas ocasiones nos limitamos a decirles “estudia” o “haz las tareas” y hasta ahí llega nuestra intervención, pero ¿es suficiente?.

Por el contrario, estar encima de sus trabajos: de que han hecho las tareas, cómo las han hecho, o preguntarles el tema de próximos exámenes de cabo a rabo, no parece ser tampoco una actitud muy útil para nadie, a los estudiantes les hacemos dependientes y los padres vemos eliminado un tiempo libre muy cotizado.

Estas son preguntas que todos los padres nos hacemos alguna vez en mayor o menor medida.

Un niño estudiando, no es un adulto. Tiene que aprender a hacerlo solo.

Cuando un padre dice que su hijo/a es buen estudiante, le suelo pedir que defina que es para él “ser buen estudiante” y las respuestas son: saca buenas notas y no tengo que estar encima diciéndole qué hacer. Siempre la misma respuesta y en éste orden.

Lo cierto es que lograr éste propósito de manera natural, es decir, que esto suceda por sí solo, es relativamente poco frecuente, ya que suele ser más habitual la queja de esos padres que dicen que han de estar encima para: que se pongan a estudiar a “la hora”; que hagan tareas y que las hagan “bien”, que se programen el trabajo día a día, que no pierdan el tiempo…

Y lo que pone a prueba la paciencia de estos, es que, estas retahílas deben repetirlas todos los días, lo que nos lleva a preguntarnos, ¿hasta cuándo?.

Y la repuesta es, hasta cuando sea necesario, pero la verdad es que es necesario y debemos estar ahí presentes repitiéndolo una y otra vez.

En mi opinión ésta es la tarea de los padres y aunque parezca poco importante, o que no tiene trascendencia a juzgar por las veces que hay que repetirlo, es justo todo lo contrario.

Cuando no lo hacen por si solos de buen grado, no hay que dejar de insistir hasta que lo hagan, o de lo contrario habremos perdido la batalla del tesón y no habrá ganado nadie, pues ellos tampoco sabrán hacerlo solos.

Cuando comenzaron a andar, hubiéramos deseado que un buen día se irguieran y salieran caminando, antes que tener que estar todo el día “de riñones” tras ellos. En esas circunstancias todos entendimos que era lo que tocada, ¿por qué pensamos que ahora iba a ser distinto sobre el modo de asumir sus responsabilidades?

Ser autónomos y responsables también ha de aprenderse y forma parte de un proceso.

Como el caminar, unos lo aprenden antes que otros, y para unos es menos traumático, pues se golpean y caen menos. Pero así como no se nos ocurría enfadarnos entonces, ¿por qué hacerlo ahora?, ¿por qué tengamos que decirlo muchas veces?

De manera que, ante el hecho de evitar tener que estar encima de los chicos repitiendo siempre las mismas cosas, y seguramente por creer que esto puede favorecer la autonomía y responsabilidad, se puede dar la conducta de algunos padres que dejan completamente solos a sus hijos con simples instrucciones del estilo: lo que hagas será para ti, tanto lo bueno como lo malo….; o es cosa tuya, si quieres hacer bien y sino…tú mismo/a, comprobarás con el tiempo que te equivocaste…

Esto tampoco funciona, ya que les estamos dando una responsabilidad excesiva que no saben manejar.

Cuando un padre/madre le dice a su hijo “eso no se hace”, no podemos pretender que ya deje de hacerlo. Lo volverá a repetir aún muchas veces, sobre todo si eso que pretende evitar o conseguir le proporciona alguna ventaja, placer, curiosidad…

Así como pasaba cuando evitábamos que nuestros bebés se metieran algo brillante en la boca que era peligroso, así tendremos que volver a decir NO ante aquello que ellos consideren que está bien o no está del todo mal, pero nosotros sabemos que si está mal.

La mayoría no querrán hacer deberes ni estudiar de buen grado, sin resistencias ni disputa, como nosotros no queremos ir a trabajar y levantarnos muy temprano, pero poco a poco lo irán aprendiendo a base de que los padres se lo repitamos, pues somos su único “contrapunto”, como el jefe y la paga mensual lo es para nosotros, impulsándonos firmemente fuera de nuestra cómoda cama cada mañana.

Lo esencial es encontrar la medida.

Aún a riesgos de ser “pesados” vale la pena repetirles qué se espera de ellos (que se organicen y se pongan a su hora, que no pierdan el tiempo, que sean serios con lo que se responsabilizan y no cedan ante la mínima tentación…), pues llegará un momento que será un hábito para ellos y lo habrán logrado gracias a que aquellos que bien les quieren, les enseñaron lo que debían hacer.

Pero además piénsalo bien, ¿no has de hacerlo con otras cosas, de tipo: recoge tu habitación, tu ropa, la mesa, haz tu cama…?, pasa con casi todo. Vamos enseñándoles a hacerse responsables a medida que van asumiendo tareas, y en todas debemos insistir pues no es fácil dejar la comodidad del “me lo hacen todo” y pasar al “me toca ir haciendo cosas a mí”, y sin embargo, es esencial para ellos comprendan que cuando sean mayores serán los que se tengan que ocupar de todo lo que les concierne.

No es necesario recurrir a los gritos ni los castigos para imponerse, ni tampoco dar cien mil explicaciones de por qué han de hacerlo, tan solo deben entender que “ser responsable” con sus tareas, significa que han de cumplir con lo que les toca, y han de hacerlo “solos”.

Si bien ahí estaremos para echar una mano ante alguna duda, para comprobar la calidad del trabajo, …y para enseñarles a medir lo que es un buen trabajo o lo que es “saberse bien un tema”, (o de lo contrario creerán que con leerlo han cumplido, por la consabida ley de mínimo esfuerzo).

Por tanto, no dejes de estar pendiente hasta que hayan adquirido el hábito de trabajo por si solos, y no creas que no te necesitan o que entenderán esas charlas sobre su futuro, no olvides que nuestros hijos viven el presente, y no saben nada de futuros, trabajos, seguridad…para ellos, su vida es lo que les pasa cada día y, si tú no les ayudas, cuando se den cuenta de cuanta razón tenías, puede que sea un poco tarde.

5

Nuestros hijos no nos sorprenden un día con unas notas malas, ni con una actitud pasota, esto es el resultado de un comportamiento determinado a lo largo de un tiempo del que los padres somos testigos más o menos conscientes.

Siendo honestos, todos sabemos cuáles van a ser los resultados de las notas del trimestre antes de que se las den, e incluso antes de hacer los exámenes y también conocemos algunas de sus respuestas a preguntas habituales, tales como: “¿has estudiado?, ¿cómo te ha ido el examen?, ¿cuándo vas a empezar a estudiar hoy?, ¡¿ya has terminado los deberes!?....”

estudiante sin motivos
Estudiante desmotivada sin deseos de hacer nada

Mi teoría sobre el por qué suceden estas situaciones esperadas pero no deseadas, tiene que ver con la conducta que mantienen nuestros hijos desde que son muy pequeños y que los padres hemos permitido de alguna manera.

...continúa leyendo "Si quieres que tus hijos aprueben, acostúmbrales a que hagan su cama"